La reciente escalada de tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha generado preocupación en la región. Tras un breve período de distensión, marcado por la renovación de la licencia de Chevron y un intercambio de prisioneros, la administración Trump ha endurecido su postura hacia el gobierno de Nicolás Maduro.
EEUU aumenta la presión sobre Maduro
La Casa Blanca elevó la recompensa por información que conduzca a la captura de Maduro, acusándolo de liderar el Cartel de los Soles. Además, ha desplegado una importante fuerza militar en los límites marítimos de Venezuela, incluyendo destructores, marines, aviones de combate y submarinos, en una operación contra el narcotráfico.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que Estados Unidos está decidido a usar “todo su poder” para frenar el tráfico de drogas desde Venezuela, reiterando que el gobierno de Maduro no es legítimo y calificándolo de narcotraficante.
Reacción de Venezuela y la región
Ante esta escalada, el gobierno venezolano ha respondido con cautela, calificando las amenazas de Estados Unidos como un peligro para la estabilidad de toda la región. El canciller venezolano, Yvan Gil, denunció que las acciones de EEUU ponen en peligro la zona de paz declarada por varios países.
Preocupación regional
Varios países de la región han expresado su preocupación ante la amenaza de una intervención militar estadounidense en Venezuela. El presidente colombiano, Gustavo Petro, advirtió que una invasión convertiría a Venezuela en otra Siria, arrastrando a Colombia a un nuevo conflicto. Brasil, México, Cuba y Bolivia también han manifestado su alerta ante la situación.
- Brasil: Celso Amorim, asesor de la presidencia, expresó su preocupación por el despliegue militar.
- Colombia: Gustavo Petro advirtió sobre las consecuencias de una invasión.
- México, Cuba y Bolivia: Se sumaron a la preocupación regional.
La situación plantea interrogantes sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, y sobre la estabilidad de la región latinoamericana. El despliegue militar estadounidense, justificado como una lucha contra el narcotráfico, ha sido interpretado por algunos como una amenaza a la soberanía venezolana y una posible intervención militar.